Leo Zuckerman: ¿Ignorancia o servilismo?

Leo Zuckerman: ¿Ignorancia o servilismo?

(05/ ABR/ 2017) / The Washington Post

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El pasado lunes, en su columna cotidiana en el diario "Excelsior", Zuckerman escribió un artículo haciendo una crítica, la enésima, a López Obrador. En ella, Zuckerman se pregunta cuál de los dos rostros es el verdadero del dirigente de MORENA, si el de las declaraciones de Alfonso Romo o el de los posicionamientos de John Ackerman.

Zuckerman se regodean en las posiciones neoliberales de Romo y se persigna frente a la visión de izquierda, según él radical, que sostiene Ackerman. Pero el tema de fondo es que plantea implícitamente que hay una actitud hipócrita de López Obrador al tener integrado en su equipo a dos personajes tan opuestos en sus posiciones políticas. De hecho, para fortalecer su hipótesis, recuerda que en 2006, en el entorno de López Obrador colaborábamos dos personajes disímbolos: Manuel Camacho Solís al que el admira y respeta y, un servidor, al que denuesta sin pudor.

La ignorancia de Zuckerman, si ese fuese el caso, tendría disculpa. Uno suele indignarse cuando le llaman ignorante, pero la verdad es que uno lo es en los más amplios y diversos temas del conocimiento humano. Que este pseudoperiodista sea ignorante de la historia y de los procesos de transformación de la sociedad no debería sorprendernos. Seguramente Zuckerman ignora que los liderazgos fuertes logran concitar el apoyo de personajes muy diversos y a veces de posiciones políticas divergentes. Más aún, los procesos revolucionarios y los procesos de lucha intensa generan también este tipo de fenómenos.

En la lucha por la instauración de la Reforma en México en el siglo XIX, en torno a los liberales aparecían personajes tan diversos como Ignacio Comonfort, quien se dio un autogolpe de estado para no aplicar la Constitución de 1857 pues a su señora madre, una católica ferviente, le parecía demasiado radical; hasta hombres como Melchor Ocampo o Ignacio Ramírez, hombres integérrimos y radicales en la separación de la Iglesia y el Estado. En la propia lucha por la restauración de la República, Juárez encabezó voluntades muy diversas, muchas de ellas claudicaron en el camino y acabaron apoyando al usurpador de Maximiliano; otros, se apartaron de la lucha y otros más, se mantuvieron en ella hasta lograr la victoria. En ese abanico de hombres se encontraban desde Porfirio Díaz hasta Mariano Escobedo; desde Salvador Vidaurri hasta Guillermo Prieto; desde González Ortega hasta el gran Nigromante.

Por ilustrar otro poco al inefable de Leo Zuckerman, en la revolución mexicana, Madero concitó el apoyo de gente como tan diversa como Francisco Villa y Emiliano Zapata, líderes surgidos del pueblo, hasta hombres como Venustiano Carranza que pertenecía a la clase política del porfiriato; gentes del porfiriato como los hermanos Vázquez Gómez hasta civiles surgidos de la indignación contra la dictadura como Pino Suárez o los hermanos Serdán. De hecho el propio Francisco I Madero provenía de una familia aristocrática del porfiriato y su familia se opuso a su lucha y fue en buena medida causante de la tragedia que acabo costándole la vida.

Podría continuar poniendo ejemplos, pero no es necesario. Porque quien es verdaderamente hipócrita es el propio Leo Zuckerman. Su papel al servicio del poder en turno está a la vista de todos, basta revisar sus serviles artículos. El se cree con el derecho de insultar a diestra y siniestra y y si si le responde a la crítica, se dice insultado a su vez.

Miren lo que escribió sobre mi persona: "Un provocador experto -como hoy Ackerman- en insultar a todos los que cuestionaban la verdad divina de su líder". Zuckerman no podría demostrar en un siguiente artículo, un solo insulto que yo haya propinado durante mi función como vocero de la resistencia civil desarrollada después del fraude electoral de 2006. Menos aún podría hacerlo de mis intervenciones en tribuna (600) durante mi periodo como diputado federal de 2009 a 2012. Todavía más le costaría demostrar que soy un provocador, según él, experto. Su servilismo le hace ver provocación en la actuación de un hombre libre. En todo caso, busco provocar su pensamiento, tarea en la que todo indica, debo darme por vencido.

Zuckerman, como ya lo mencioné, opone a Manuel Camacho frente a mi persona. Ciertamente Camacho era un hombre del poder y un negociador. Un hombre consecuente con su visión, era el único en el entorno de López Obrador en el 2006, que le decía presidente al usurpador de Calderón. La gente acostumbra hablar bien de los muertos, no es mi caso si no fueron seres humanos valiosos. Manifiesto mi profundo respeto hacia Manuel Camacho porque así lo pensé cuando estaba en vida y así lo pienso con su obra terminada. Ello no quiere decir que hayamos estado exentos de fuertes discusiones, que por cierto sólo fue una, en el marco de la reforma energética impulsada por el usurpador de Felipe Calderón en el 2008.

Por otra parte, el citado periodista pretende desconocer que construyo una candidatura independiente de izquierda a la presidencia de la República. Para él es impensable que haya un movimiento de hombres y mujeres libres y que en éste, se puedan construir caminos propios. Le es más difícil digerir que pueda haber diferencia de opinión, discusión, controversia y a pesar de todo ello, puedan existir coincidencias de fondo. Pareciera aplicar a Zuckerman lo que decía mi abuela que "El león cree que todos son de su condición" y como este servil del poder no ve la violación del voto, los fraudes electorales, el baño de sangre, los feminicidios, la bárbara desigualdad social, la concentración de la riqueza en 16 mexicanos que tienen 143,000 millones de dólares; no se entera de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa; no vio las matanzas perpetradas por el ejército en Tlatlaya, Apatzingán y Tanhuato; no percibe la venalidad del aparato de justicia, como en el caso de Dafne en Veracruz; no ve la corrupción de Peña. Dice no enterarse del daño salvaje que las reformas neoliberales han causado a nuestro pueblo. Así que como él es hipócrita, piensa que todos lo son. Y sin embargo, el dicho de mi abuela no aplica, porque aunque lleva el nombre de Leo, este remedo de hombre no llega ni a gato doméstico. Por qué los gatos, por más domesticados que sean, siempre mantienen su independencia y su fiereza y dudo que Zuckerman sepa lo que es independencia, ya no digamos la fiereza.

Finalizó informándole a Zuckerman que soy ateo y que por tanto no concibo divinidad alguna. Él, por el contrario, debe ser creyente y seguro es como decía mi abuela: "El que no conoce a Dios, a cualquier ídolo adora". Que siga postrado frente a Peña, como antes lo estuvo ante Calderón, como antes ante Fox y así al infinito. Pero estamos prontos a liberarlo de su servilismo al poder, pues una vez que la izquierda gobierne México, entonces si leoncito Zuckerman se convertirá en una fiera. Al tiempo.

"El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz".

Gerardo Fernandez Noroña.

https://www.fernandeznorona.mx/

Monterrey, Nuevo León, a 5 de abril de 2017.

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