2018.

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(06/ JUN/ 2017) / El Mañana

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Llevo muchos años sosteniendo que la regla electoral para la izquierda en un proceso presidencial es: si pierdes, pierdes y si ganas, pierdes. Nos lo hicieron en 1988, en 2006 y en 2012.

Más allá del debate que se quiera realizar sobre nuestros triunfos en las fechas citadas, la realidad es que la percepción del pueblo sobre este tema es que comparte mi punto de vista. Durante estos años que he recorrido el país después de dejar mi cargo como diputado en 2012, le he preguntado insistentemente a asambleas de todo tipo: pequeñas, grandes, medianas y regulares; en plazas públicas, en locales cerrados, en auditorios, con composiciones sociales económicas y políticas de todo tipo. He preguntado: ¿Ustedes creen que si la izquierda ganará la presidencia en 2018, Peña Nieto se quitará la banda presidencial y nos la entregará? La respuesta, invariablemente, es que no lo hará. ¿Por qué seguir entonces por este camino electoral que nos lleva a una emboscada, si todos sabemos lo que sucederá? Lejos estoy de proponer el abandono de la vía electoral. Pero permítanme seguir con mi razonamiento antes de llegar a una conclusión.

Después de las elecciones del Estado de México, que aún no culminan -aunque todos sabemos en que terminarán- la percepción antes mencionada se agudizará. Si no logramos revertir el fraude, en el 2018, la imposición se volverá a realizar.

Mientras que en Coahuila los medios hablan de una elección cerrada y no descalifican las movilizaciones de protesta por el fraude electoral que se pretende consumar en agravio de Acción Nacional y del pueblo coahuilense, en el Estado de México se da por hecho el triunfo de Alfredo del Mazo, a pesar de las abundantes evidencias que se han subido a la red y que demuestran el triunfo de Delfina Gómez y de MORENA.

Como ya mencioné, en el caso del Estado de México se está llevando a cabo una franca provocación. Te roban, lo hacen de manera burda, te retan a responder y encima, se burlan de haberte robado. Si respondes, malo y si no respondes, peor. La encrucijada en que se encuentra López Obrador y su partido es evidente. Buscan liquidarlo políticamente haga lo que haga: si se moviliza lo acusaran de no saber perder y de daños a la sociedad, si no se moviliza, el mensaje que queda para la gente es que no vale la pena votar por él, pues aceptará el fraude también en 2018.

Es evidente, o debe serlo, que si se hubieran realizado comicios confiables en el Estado de México, el resultado para MORENA seria muy favorecedor. Aún aceptando las cifras fraudulentas, Delfina Gómez habría estado muy cerca de ganar el gobierno del estado, con un partido nuevo y siendo ella misma desconocida, hasta antes del proceso electoral. Sólo con la fuerza electoral del Distrito Federal y del Estado de México, MORENA ya tendría una base de lanzamiento muy sólida para ganar la presidencia en el 2018. Pero a los ojos de todo el mundo, es visible que Delfina Gómez ganó, y hacer esta lectura simplista (del avance electoral mexiquense) llevaría a una conclusión catastrófica. Se dejaría de lado el fraude y se aceptaría no sólo que no se ganó, no sólo la burla y el franco escarnio, si no que se daría validez a la critica simplona y malintencionada de que no se logró la unidad del izquierda debido a los errores de conducción del líder de MORENA.

Los hechos son los siguientes. Más allá de yerros y aciertos, MORENA ganó el gobierno del Estado de México con el voto popular.

Es falso que por no lograr la unidad de la izquierda se perdió la elección. El PRD hace mucho que dejó de ser de izquierda, tuvo la oportunidad de corregir en los comicios del Estado de México y decidieron jugar el papel de esquirol de la izquierda y del pueblo del Estado de México para ayudar al PRI y Alfredo del Mazo. Hasta hoy, ni el guiñol Zepeda, ni la dirección del PRD, han hecho una sola crítica al proceso electoral del Estado de México.

Reitero, sin contar con el PRD, MORENA y las fuerzas que apoyamos a Delfina Gómez, ganamos la elección en el Estado de México.

Ahora bien, si se ganó, ¿Qué hacer para defender ese triunfo? Ese es en realidad, el gran dilema.

En mis recorridos de campaña por el Estado de México en apoyo a Delfina Gómez, insistí en todos los mítines que encabece, que el voto no era suficiente. Reiteré que era necesaria una rebelión no violenta, mediante la desobediencia civil. Estoy cada vez más convencido de ello. Creo que debemos abrir la vía electoral y que la única manera de abrirla, es forzando a Enrique Peña Nieto a renunciar, mediante acciones de desobediencia civil durante todo el 2017. Pero intentando en verdad lograr su renuncia, no sólo gritar la consigna. Empeñarnos a fondo para conseguirla y en el peor de los casos, arrinconar al gobierno para obligarlo a respetar la elección en el 2018.

¿Con qué medida de desobediencia civil iniciar? Ese es otro problema serio a resolver. La medida tiene que ser contundente, eficaz y cuantificable.

Así las cosas, creo que la determinación de López Obrador y de MORENA de agotar el proceso electoral en sus vías institucionales es correcta, siempre que en paralelo abra un proceso de discusión y reflexión en sus órganos de decisión sobre las medidas a tomar en los días y meses por venir, previos a la elección de 2018. Creo que quienes no militamos en MORENA, debemos ser solidarios con las iniciativas que tomen y, debemos abrir nuestros propios espacios de reflexión y de acción, para impulsar las iniciativas encaminadas a lograr la renuncia de Enrique Peña Nieto.

La burla a la voluntad popular en el Estado de México es inaceptable. Ello implica combatir la imposición, exigir el respeto a la voluntad popular mexiquense y en el peor de los escenarios, obligar al desgobierno criminal de Peña Nieto a pagar un alto costo por esta imposición, dejando la puerta abierta a corregir dicho agravio a la primera oportunidad.

En otras palabras convocó a la reflexión, a la tolerancia, a la unidad, a la comprensión, a la generosidad y a la lucha contra un sistema político fraudulento que vive sus últimos y peores momentos. Debemos estar claros que esta lucha nos exige un enorme esfuerzo y altura de miras. La solución no es tener un mejor candidato, una mejor organización o una mayor unidad electoral. La solución es romper en mil pedazos el sistema político y económico contrario a los intereses del pueblo y sustituirlo por un régimen económico y político de libertades, igualdad y justicia social.

Para ello, no podemos menos que jugarnos tres riesgos: el riesgo de perder el empleo, de perder la libertad y de perder la vida. Si jugamos estos tres riesgos, seremos invencibles; si por el contrario, seguimos atemorizados, queriendo un cambio sin arriesgarnos en nada, estaremos condenados a perderlo todo y a seguir, frustrados y avasallados.

Yo seguiré en mi esfuerzo de construir una candidatura independiente de izquierda a la presidencia la República y seguiré moviéndome en la paradoja, de caminar la vía institucional convocando al pueblo a la insurrección no violenta mediante la desobediencia civil. Sumaré mi voz y mi esfuerzo en exigir que se respete la voluntad popular en Coahuila y en el Estado de México.

No tengo la menor duda de que el desgobierno criminal de Enrique Peña Nieto subestima la fuerza, el carácter y el talento de nuestro pueblo. No cometamos el mismo error que el desgobierno criminal.

"El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz".

Gerardo Fernández Noroña.

https://www.fernandeznorona.mx

Cuernavaca, Morelos a 6 de junio de 2017.

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