DESOBEDIENCIA CIVIL NO VIOLENTA

DESOBEDIENCIA CIVIL NO VIOLENTA

Nuestro país vive una profunda crisis política. El deterioro de las instituciones públicas, la corrupción, el engaño, la prepotencia y la brutal desigualdad social, ha generado un hartazgo de nuestra sociedad.

Pocas veces en nuestra historia un gobierno ha concentrado un repudio tan alto como el encabezado por Enrique Peña Nieto. La enorme inconformidad se entrelaza con un fuerte nivel de despolitización. No se alcanza a percibir con claridad que lo que se requiere cambiar es el sistema económico y la irritación se manifiesta solamente sobre la estructura política. El rechazo a los políticos, a la política, a los partidos, al congreso y a sus privilegios, es la constante.

Por ello, las manifestaciones van desde el insulto hasta la salida superficial de plantear que debe retirarse el financiamiento público a los partidos o eliminarse la representación proporcional o quitar el fuero a los legisladores. No hay duda de que hay que cambiar el sistema político mexicano, pero sobre todo hay que cambiar el sistema económico.

La gente se escandaliza por el dispendio del Congreso y no sabe que su costo representa apenas una milésima del presupuesto nacional. En cambio, le parece normal que 16 mexicanos concentren 143,000 millones de dólares.

Otro ejemplo de la inconformidad son las protestas por el "gasolinazo". Sin embargo, hay sectores que no perciben con claridad que éste es un efecto de la reforma energética que entregó a Pemex y a nuestro petróleo a las empresas extranjeras del ramo, que la única manera de revertirlo, es recuperando nuestro petróleo y restaurando a Petróleos Mexicanos (PEMEX). Que ello y resolver todos los males que aquejan a nuestra patria, pasan por lograr la renuncia de Enrique Peña Nieto. Su renuncia no resolverá todos nuestros males, pero es un paso necesario para emprender el camino de su solución. Para alcanzar este objetivo de profundas transformaciones, es necesaria una rebelión de nuestro pueblo, una gran revolución que en pleno siglo XXI podemos realizar de manera no violenta.

Esta rebelión ya está en marcha y puede orientarse mediante la desobediencia civil no violenta (DCN).

La desobediencia civil es ilegal, pública, consciente y no violenta, y busca frustrar las leyes, las políticas o las decisiones de un gobierno. Nosotros vamos más lejos y aspiramos a lograr la renuncia del actual gobierno con la DCN. ¿Cómo? Proponemos tres maneras puntuales:

  1. No responder con violencia a la represión. Que en toda protesta, cuando la fuerza pública pretenda reprimir, no se le responda y todo mundo se siente en el piso. Sentarse no garantiza que la represión no se lleve a cabo, pero garantiza y deja claro que lo que se vive es la represión gubernamental y no un enfrentamiento y esta respuesta no violenta, puede evitar el asesinato de población civil por parte de la policía o del ejército disfrazado de policía.
  2. No pagar los impuestos en gasolinas. Que ya que el gobierno pretende reunir el 40% del presupuesto que PEMEX aportaba a la nación mediante los impuestos ocultos en las gasolinas, no les paguemos los impuestos en dichos combustibles.
  3. Parar todo. La máxima demostración de fuerza de nuestro pueblo es parar toda actividad productiva, exigiendo la renuncia del actual gobierno. El pueblo mueve todo y si éste se detiene, no se mueve nada. Acordar fechas emblemáticas para realizar estos actos supremos de DCN.

Finalmente, no será una protesta, una iniciativa, una sola forma de lucha la que logre el objetivo final de liberar a nuestra patria. Así que convocamos a sumar esfuerzos, a la tolerancia, a la unidad y a la tenacidad en el ejercicio de nuestra voluntad y determinación.

Regresar