LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

La corrupción es uno de los graves problemas de nuestro país. Sin embargo, es producto del sistema económico. La acumulación de la riqueza, su concentración en unas cuantas manos, requiere de un poder corrompido, venal, al servicio de ese puñado que se beneficia del sistema económico y de la constante violación de la ley.

Es incorrecta la apreciación de que nuestro pueblo es un pueblo corrupto. Es el sistema político mexicano el que es corrupto y la corrupción se sostiene en la impunidad y en la red de complicidades. Esta corrupción es parte fundamental del sistema económico que impera en nuestra patria. Sin ella, los 16 mexicanos que concentran 143,000 millones de dólares no tendrían las concesiones de la obra pública, de las aguas, del petróleo, de los minerales, de las carreteras, de las playas, de los bosques, de las tierras, de la infraestructura y de todo lo que ha sido creado con el esfuerzo y duro trabajo de nuestro pueblo. Sin ella, el capital extranjero no podría saquear la riqueza de nuestra patria.

El ejemplo que recientemente más ha agraviado a nuestro pueblo: la Casa Blanca de Peña Nieto, es un monstruoso ejemplo de corrupción. Costó 8 millones de dólares. Los 16 mexicanos oligarcas del país tendrían 17,875 Casas Blancas. 1,100 inmuebles de 8 millones de dólares cada uno de ellos. Es simplemente brutal, ya que en contrapartida, el pueblo pobre carece hasta de lo más elemental.

Otro ejemplo que muestra la dimensión de la bárbara concentración de riqueza en México es que los millonarios que acompañarán a Donald Trump en su gabinete reúnen 35,000 millones de dólares; esa fortuna no llega llega ni a una cuarta parte (24,47%) de la que concentran los 16 oligarcas mexicanos, pues esa fortuna es producto en buena medida de la corrupción imperante en el sistema político mexicano, producto del sistema económico del país.

En ese marco, la manera de erradicar de raíz la corrupción, implica el cambio del sistema económico. No basta con gobiernos honestos, no basta con mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, no basta con legislaciones anticorrupción. Se requiere construir un sistema económico donde el objetivo no sea la concentración de la riqueza, sino el bienestar del ser humano.

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